Hay una situación bastante típica en diseño: haces un trabajo en pantalla, lo ves perfecto y, cuando llega a impresión, los colores no se ven exactamente como esperabas.
Muchas veces la explicación está en algo bastante básico: RGB y CMYK no funcionan de la misma manera.
RGB: piensa en pantallas
RGB significa Red, Green y Blue: rojo, verde y azul.
Es el sistema que utilizan las pantallas para representar los colores mediante luz.
Por eso es el modo que normalmente encontrarás cuando trabajas en proyectos destinados principalmente a entornos digitales.
Por ejemplo:
Una página web.
Una publicación para redes sociales.
Un banner digital.
Una presentación.
Contenido para una aplicación.
Si tu diseño va a terminar en una pantalla, RGB suele ser el punto de partida lógico.
CMYK: piensa en tinta
CMYK significa Cyan, Magenta, Yellow y Key (Black).
A diferencia de RGB, aquí hablamos de un modelo basado en tintas utilizadas en impresión.
Por eso es habitual trabajar en CMYK cuando el destino final de un diseño va a ser físico.
Por ejemplo:
Carteles.
Folletos.
Tarjetas.
Revistas.
Packaging.
¿Por qué cambian los colores?
Porque una pantalla puede mostrar determinados colores utilizando luz que una impresión con tintas no puede reproducir exactamente de la misma forma.
Por eso un color muy brillante que ves en pantalla puede cambiar cuando pasa al papel.
Esto no significa que RGB sea “mejor” que CMYK o al revés.
Simplemente están pensados para medios diferentes.
La regla fácil
¿Va a una pantalla? → RGB
¿Va a imprimirse? → CMYK
Y si tienes dudas sobre un proyecto que va a imprimirse, lo mejor es conocer las especificaciones concretas del sistema de impresión antes de preparar el archivo.
Porque elegir el modo de color es solo una parte del proceso, pero empezar con el adecuado puede evitar bastantes sorpresas.

